Muchas personas relacionan la productividad con la cantidad de horas trabajadas y no hay nada más alejado de la realidad. Por ejemplo mientras un colombiano trabaja en promedio 2.200 horas al año y el PIB per cápita llega a US$6.000, un alemán labora 1.400 horas anuales con un PIB per cápita de US$41.300. Es decir, que los alemanes trabajan 35% menos y son 700% más productivos.

Hay que tener en cuenta que la población de Colombia en la actualidad ronda los 50.000.000. y en Alemania ronda 81.300.000 de habitantes, pero hablando en productividad es grande, pero esto en parte esto debe llevar a replantear el liderazgo en las empresas pues no se trata de trabajar más horas sino mejores horas.

Se necesitan estrategias para mejorar la productividad al interior de las propias empresas, pues el 65 por ciento del crecimiento de la productividad de estas se ha explicado en los últimos años por sus esfuerzos internos (Eslava y Haltiwanger, 2016). La inversión de recursos para lograr mayores niveles de eficiencia, adoptar mejores prácticas gerenciales y productivas, innovar o capacitar a sus empleados, son algunas de las alternativas que tienen las firmas para lograrlo. Estas estrategias no son excluyentes. Las aproximaciones transversales y las intervenciones al nivel de la compañía son igual de relevantes para poder alcanzar mayores niveles de productividad.

También se debe preparar y fidelizar a los empleados  y es que solo el 56% de los trabajadores utilizan sus fortalezas en el trabajo. Según los expertos, cuando se usan las fortalezas es porque se está haciendo algo que genera gusto, pasión y por ende felicidad, pero ¿qué pasa con el restante 44% que no encuentra en su escenario laboral la capacidad para hacer lo que le apasiona? Generalmente están atrapados por un sentimiento de frustración.

Adicionalmente Gracias a las telecomunicaciones, el internet y la conectividad, hemos visto cómo la humanidad se ha transformado en los últimos años.

En la actualidad, la era digital ha permeado todas las áreas de las actividades económicas, productivas y sociales, convirtiéndose en una herramienta que posibilita la reducción de las brechas sociales, generadora de bienestar social y permitiendo grandes cambios y beneficios en el desarrollo de las personas.

La productividad, lejos de ser un asunto netamente gubernamental o empresarial, tiene que ser un compromiso de todos. De esto depende que el país pueda seguir progresando en las siguientes décadas, tal como lo hizo en los años previos.

 

 

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